Manolo no es un pedagogo. Manolo es un pastor de los Montes de Toledo que huele a tabaco negro y a lana mojada. Un tipo que entiende de la vida lo que la tierra le cuenta, que no es poco.
Un día, Manolo miró a la «304», una oveja merina con la mirada perdida y la mandíbula batiente, y pensó lo que muchos padres piensan hoy en día al mirar a sus hijos:
«Esta tiene que ser algo más que carne».
Así que Manolo, con la fe ciega del que cree en el progreso, la matriculó en 1º de Primaria.
Lo que pasó después es triste foto, cínica y dolorosa de lo que hemos hecho con la educación en este país.
Es la historia de cómo la «304» llegó a Bachillerato sin saber hacer la O con un canuto, aupada por un sistema que ha decidido que es más fácil aprobar a la ignorancia que gestionarla.
La entrada al matadero (y el «juego» de las tijeras)
Cuando Manolo llevó a la oveja al colegio público, la directora no parpadeó.
En la España de la burocracia infinita, si tienes los papeles, entras.
—Pero no sabe leer —dijo Manolo, quitándose la boina.
—No se preocupe —respondió la directora, con esa sonrisa de valium que tienen los funcionarios que han visto demasiadas guerras
—. Aquí trabajamos por competencias. Si bala con intencionalidad comunicativa, nos vale. Además, somos un centro inclusivo.
Y ahí empezó la historia
304 se sentó en tercera fila. Y pronto descubrió que la selva no estaba en el monte, estaba en el recreo.
Como la «304» era diferente, olía diferente y no hablaba como los demás, se convirtió en el blanco perfecto.
En el patio, un grupo de tres niños la acorralaba contra la valla.
Le tiraban del rabo.
Un día, uno trajo unas tijeras de punta redonda de clase de plástica e intentó esquilarla viva mientras los demás se reían y grababan con un móvil a escondidas.
La oveja balaba de terror. Se meaba encima del miedo.
¿Qué hizo el colegio ante este acoso evidente? Nada.
Cuando Manolo fue a quejarse, la Jefa de Estudios le quitó hierro al asunto:
—Vamos, Manolo, no sea exagerado. No es bullying. Son niños jugando. Tienen curiosidad por el animal. Es interacción social.
El sistema tiene un miedo atroz a la palabra acoso. Prefieren llamarlo «conflicto entre iguales» para no tener que abrir el protocolo, que da mucho trabajo.
Y así, la oveja aprendió la primera lección del sistema educativo: si te pegan, agacha la cabeza y espera a que pase, porque nadie te va a defender.
El drama de 2º de Primaria: «Mi hija no repite»
Llegó el final del primer ciclo (2º de Primaria).
La oveja no sabía leer. No sabía escribir.
Si le preguntabas cuánto son dos más dos, ella respondía invariablemente:
—Beee.
La tutora, una mujer sensata que aún creía en su trabajo, llamó a Manolo.
—Mire, Manolo. La oveja no alcanza los mínimos. No sabe nada. Tiene que repetir curso. Es por su bien, para que coja base.
Pero Manolo, que era un fan de los grupos de WhatsApp de padres, se negó en rotundo.
—¿Cómo que repetir? Ni hablar. Mi oveja es muy lista, lo que pasa es que madura lento. Si la deja atrás, le va a causar un trauma.
Me niego.
Y aquí viene el chiste: La oveja pasó a 3º de Primaria sin saber leer, arrastrada por la negativa de su padre a aceptar la realidad.
La ley actual es tan garantista con las familias que, en los primeros cursos, si el padre se pone cabezón y firma que no está de acuerdo, el equipo directivo suele ceder para evitarse una guerra legal y una inspección.
(y de esto no se habla en los informes PISA)
El tapón de 4º y la «promoción automática
La bola de nieve se hizo gigante.
En 3º y 4º, la oveja era un mueble. No entendía nada de lo que pasaba en la pizarra. Se limitaba a mirar al techo y a rumiar chicle pegado debajo del pupitre.
Al llegar a final de 4º, la situación era insostenible. Incluso Manolo tuvo que aceptarlo. La oveja tuvo que repetir.
Pero en el fondo es una victoria de risa, lo unico que hace es abrir las puertas al campo..
¿Por qué?
Porque la ley dice que un alumno solo puede repetir una vez en Primaria.
Así que, una vez gastada esa bala en 4º, la oveja se convirtió en inmune.
Daba igual que en 5º y 6º no hiciera nada.
Daba igual que en los exámenes se comiera el papel en vez de escribir en él.
El sistema ya no podía retenerla.
Tenía «barra libre» hasta la Secundaria.
Do you speak balido?
Por si fuera poco el retraso que llevaba, llegó la gran estafa piramidal: el bilingüismo.
A algún iluminado se le ocurrió que la mejor manera de que la oveja recuperara el tiempo perdido era explicarle las Ciencias Naturales en inglés.
El profesor, con una pronunciación al más estilo puro Rafa Nadal, intentaba explicar la fotosíntesis:
—The sheep eats the grass, and the grass has… eh… chloroplasts.
La oveja no sabía qué era una planta en español, imagínate en inglés.
El resultado es la doble ignorancia: una generación de analfabetos funcionales en dos idiomas.
Pero en el boletín de notas (que ya no tenía números, porque el número estigmatiza, ahora ponía «Progresa Adecuadamente») decía que su hija lanuda estaba inmersa en un entorno plurilingüe.
Y así pasamos a la etapa de secundaria…304 graduada en primaria…
La batalla de las pantallas: Tiza&Dopamina
Llegamos a la Secundaria. La ESO. Ese agujero negro donde las hormonas y la vaguería se encuentran.
Aquí, la escuela vive una crisis de identidad esquizofrénica.
La oveja «304» recibió su tablet, para hacer lo mismo que el resto de sus compañeros humanos: desconectar el cerebro.
Tenemos un problema gravísimo de atención.
No es que todos los niños tengan TDAH, es que hemos normalizado la hiperestimulación.
Un chaval que se pasa 6 horas al día haciendo scroll infinito en TikTok es físicamente incapaz de leerse tres páginas sin sentir ansiedad.
La oveja miraba la pantalla. El profesor explicaba historia. Nadie escuchaba.
La «nueva normalidad» en el aula es una guerra de guerrillas por la atención. Y los docentes la están perdiendo.
¿Y la vocación?
Se la comió la burocracia.
El tutor de la oveja pasaba más tiempo rellenando informes en Séneca, Raíces o la plataforma infernal de turno, que preparando sus clases.
—Tengo que hacer una Situación de Aprendizaje para justificar que la oveja ha aprendido a socializar —le decía a su pareja al llegar a casa, ojeroso—. Si la suspendo, tengo que rellenar tres informes, reunirme con Manolo, y aguantar a la inspección. Paso.
Aprobar es el camino de menor resistencia.
El sistema está diseñado para que el docente exhausto ponga un 5.
—¿Ha venido a clase? —Sí.
—¿Ha molestado? —Solo un poco (ya nadie le hacía bullying porque la ignoraban).
—¿Respira? —Sí.
—Pues un 5. Pasamos a Bachillerato.
Y así, la «304» llegó a Bachillerato. La etapa «pre-universitaria».
Aquí la hipocresía alcanza cotas estratosféricas. Se supone que estamos preparando a la élite intelectual.
Pero la realidad es que se ha bajado el listón hasta el subsuelo.
Ya no se busca la excelencia, se busca la estadística.
La oveja se sentaba en clase de Filosofía. El profesor hablaba de Kant.
—El imperativo categórico… —decía el pobre hombre.
La oveja balaba: —Beee.
Un alumno levantó la mano:
—Profe, ¿esto entra en la EBAU? Si no entra, paso.
Esa es la única religión actual: la EBAU. El aprendizaje ha muerto; viva el entrenamiento para el examen.
La oveja aprobó Bachillerato gracias a la «evaluación colegiada».
Es un eufemismo maravilloso.
Significa que, aunque la oveja tenga dos asignaturas suspensas, si el equipo docente se reúne y decide que tiene «madurez» (sí, una oveja), le regalan el título.
Porque dejar a alguien sin título es «excluyente».
Y llega el final de su educación, el día de la graduación
Manolo se puso su mejor traje para ir al instituto.
Vio a su oveja «304» subir al estrado. Llevaba una banda de fieltro sobre su propia lana.
El director dio un discurso lleno de palabras vacías: «Resiliencia», «Empoderamiento», «Ciudadanos del futuro».
Nadie dijo la verdad.
Nadie dijo que la oveja sufrió acoso y miraron para otro lado.
Nadie dijo que tenía que haber repetido en 2º y su padre lo impidió.
Nadie dijo que son incapaces de concentrarse más de 40 segundos.
Les hemos dado un papel que dice «eres apto», pero les hemos robado la capacidad de esfuerzo, de frustración y de pensamiento crítico.
La oveja bajó del escenario con su diploma en la boca.
Se lo comió.
Fue el acto más inteligente y honesto que se vio en todo el curso.
La grieta en el sistema
¿Qué nos queda?
Nos queda un sistema educativo que funciona como una cadena de montaje soviética pero con marketing de Silicon Valley.
- Docentes enterrados: Hay profesores magníficos, héroes anónimos, que cierran la puerta de su aula y enseñan de verdad. Pero son la resistencia. Y están cansados. Los demás sufren estres, la vocación se la dejaron en la carrera, y rezan para que algún día alguien les de merito.
- Alumnos anestesiados: No son culpables. Son víctimas de un sistema que les ha dicho que tienen derechos pero no deberes.
- Padres clientes: Como Manolo, que creen que si pagan impuestos (o la cuota del concertado), el aprobado es un derecho del consumidor.
La oveja «304» ahora tiene el título de Bachiller.
Probablemente acabe en una universidad privada donde, pagando, le darán un grado. O quizás haga una FP, que irónicamente, es lo único que ahora mismo tiene algo de sentido en este país.
Pero la lección está ahí: Hemos confundido escolarización con educación.
La oveja es feliz.
No sabe que es ignorante.
El problema es que tu hijo tampoco.
Seguimos hablando?
— Nadie.